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Fuente:
www.cactus-chile.cl
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Las plantas
suculentas requieren, en primer lugar, ser colocadas en un lugar tan
luminoso como sea posible, recibiendo, al menos durante una parte del día,
una irradiación solar directa.
La mayor parte de las plantas suculentas crecen bien en invernaderos. Se
trata de un medio que puede proporcionar a los vegetales abundante luz,
calor y aire húmedo, pudiéndose regular a voluntad estas condiciones. Además,
pueden reproducirse allí las mejores condiciones de reposo invernal; los
invernaderos son, por lo tanto, el medio ideal para colocar a estas plantas.
Un invernadero de plantas suculentas debe estar colocado a pleno sol y al
abrigo del viento. Es igualmente importante proporcionar un medio de
ventilación, si no se quiere ver a las plantas achicharrarse los días de
mucho sol.
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La gran mayoría
de las plantas suculentas requieren para un crecimiento óptimo, temperaturas
relativamente elevadas y soportan sin verse afectadas temperaturas
superiores a los 40C. Lo ideal es mantener la temperatura entre 25 y 35 C.
Esto se aplica sobre todo a las plantas de origen tropical; sin embargo, las
plantas oriundas de las regiones de gran altitud o de las zonas alejadas del
ecuador, prefieren temperaturas algo inferiores. Estudios recientes han
demostrado que las especies adaptadas para vivir en los desiertos áridos
necesitaban, para un buen crecimiento, fuertes oscilaciones térmicas (crecen
mejor cuando el calor diurno es seguido de un descenso súbito de las
temperaturas nocturnas). Esta regla se aplica también a ciertas especies de
plantas suculentas de montaña, como Tephrocactus, Lobivia, etc. Se recordará
además que la temperatura no es más que uno de los factores que actúan
globalmente sobre la planta y que tiene con ella ciertas relaciones que hay
que respetar. Así, por ejemplo, una temperatura elevada llevada hasta un
fuerte grado higrométrico provoca el crecimiento de los brotes y de la
planta, al igual que una temperatura elevada unida a la sombra; mientras que
una fuerte temperatura, sequedad y mucho sol detienen el crecimiento.
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La luz es
responsable de la mayoría de los procesos vitales de un vegetal: es fuente
de energía, influye en la forma de los órganos y en la periocidad de la vida.
Una luz insuficiente implica lentitud de crecimiento, las plantas se
deforman, se marchitan, crecen poco, su coloración típica se altera,
resisten menos a las enfermedades, etc. Un gran número de plantas suculentas
viven naturalmente en un medio marcado por un exceso de luz, de manera que
sus formas ya están un poco modificadas aunque crezcan en nuestras latitudes
(las espinas y los pelos son menos fuertes y están más separados entre sí,
los tallos son más largos, etc.). El peligro reside aquí en las
modificaciones de intensidad luminosa: los rayos violentos del sol
primaveral pueden quemar las plantas que no están acostumbradas al sol
durante el invierno. Es, por lo tanto, necesario acostumbrar a los vegetales
al sol al principio del período vegetativo y protegerlos del calor directo
del sol.
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Salvo algunas
excepciones, todas las plantas suculentas absorben el agua por sus raíces.
Los riegos permiten también los movimientos y, después, la absorción de los
elementos nutritivos disueltos en el agua. El agua de riego debe ser, por lo
tanto, dulce, siendo lo ideal agua de lluvia, y su temperatura debe ser
superior a la del aire. Se puede "endulzar" un agua dura añadiéndole una
pequeña cantidad de ácidos (acético, fosfórico, cítrico, nítrico...). Al
principio, hay que controlar cuidadosamente el pH con ayuda de un papel
indicador, con un poco de práctica se podrá ajustar la solución "a ojo" de
manera que no descienda de un pH 4.
Numerosas especies originarias de las regiones áridas son muy sensibles a la
humedad excesiva del sustrato, sobre todo cuando se produce por una
disminución de la temperatura o a causa de una humedad prolongada. Por el
contrario, estas especies reaccionan muy positivamente a los riegos
regulares: alternancia de períodos de riegos intensivos con tiempo seco y
una sequedad total de las raíces y del suelo durante varios días. El exceso
de agua en el suelo, unido a un tiempo frío, frena la actividad de las
raíces y estimula el desarrollo de las bacterias o de los mohos, lo que
lleva a la podredumbre de las raíces e incluso a la muerte de la planta. La
dosificación correcta de los riegos y su espaciado constituye uno de los
puntos claves del cultivo de las plantas suculentas. La conformación del
sistema de las raíces permite, en cierta medida, prever las necesidades de
agua de tal o cual especie: aquellas que poseen raíces cónicas o tuberosas
son, generalmente, las más xerófilas. No se puede dar ninguna receta sobre
las fechas o la importancia de los riegos. Pero es posible aprender a
adivinar el momento justo a fuerza de observar bien los vegetales.
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Siempre que se
tenga interés por el cultivo hay que tener cuidado de que los sustratos sean
tan permeables como resulte posible, absorbiendo fácilmente el agua y
secándose con la misma facilidad. Las especies frágiles, por ejemplo,
requieren mezclas con una fuerte proporción de arena, gravilla, guijarros,
gránulos artificiales, cerámica o plástico. Se recomienda incorporar al
sustrato al menos un 30 % de tales materiales, aunque esta proporción puede
ser aumentada sin inconveniente. Las raíces frágiles de los géneros
Ariocarpus, Astrophytum, etc., no soportan la presencia de materias
orgánicas en descomposición (humus) y la mezcla no deberá incluir más que
una arcilla mineral. La mayoría de los otros vegetales crecen, sin embargo,
mejor cuando su suelo contiene materias orgánicas, incluso turba. El cultivo
sobre materiales naturales y sintéticos da también buenos resultados: mezcla
de arena y turba, de turba y de materias plásticas, sustrato de gravilla, de
partículas cerámicas, de lava, etc. Evidentemente, este tipo de materiales
es pobre en elementos nutritivos por lo que habrá que aportar éstos en el
agua de riego (en forma de abono). Todo sustrato, sea natural o sintético,
termina por saturarse por un exceso de sales naturales que influyen en el
pH. Éste tiene tendencia a alcanzar valores básicos indeseables. Por lo
tanto, habrá que transplantar más pronto o más tarde (aproximadamente cada
2-4 años) los vegetales a un sustrato fresco. No debe olvidarse además que
el sustrato contiene una parte de componentes vivos. Bacterias, hongos,
protozoos u organismos superiores pueden estimular la absorción de los
elementos nutritivos por la planta o, por el contrario, frenarla. Con
ciertas especies frágiles, se debe tener cuidado en la desinfección del
sustrato antes de plantarlas (con calor, fungicidas apropiados, etc.).
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La mejor
estación para cambiar la planta de maceta es el inicio del período
vegetativo, en la mayoría de los casos la primavera. Aunque sea urgente
realizar el trasplante nunca se recomienda el invierno, ya que los daños
ocasionados a las raíces pueden provocar la destrucción de la planta. Todo
el sustrato debe ser renovado, incluido el de la raíz: se cambia de maceta
para hacer caer el «suelo» viejo, después se recortan las raíces hasta un
tercio de su longitud inicial. Las especies frágiles pueden dejarse algunos
días al aire, sin suelo, de manera que se sequen bien todas las heridas.
Después de haber colocado las raíces en el recipiente se llena éste con un
sustrato seco pero no se riega después de plantarlo. Los ejemplares de
cierto tamaño serán estabilizados con la ayuda de guijarros, grava, etc.,
colocados alrededor del cuello de la planta, lo que impedirá que se
balanceen. Las plantas que han sido trasplantadas deben estar al calor y a
la sombra, en un lugar cuya atmósfera sea bastante húmeda, pero siempre sin
regarlas. Los riegos prudentes no empezarán hasta varios días más tarde. No
debe entonces proporcionarse más que el agua suficiente para impedir que las
raíces se sequen completamente. Sólo cuando los signos de crecimiento
aparezcan en la planta (yemas, coloración verde vivo de los extremos, etc.)
se podrá aumentar el aporte de agua. Algunas plantas suculentas pueden ser
colocadas en el exterior durante toda la estación favorable. Sin embargo, a
principios de invierno conviene situarlas en el interior, donde no corren el
peligro de helarse. En este caso, basta con colocarlas en un recipiente
estrecho y recubrir las raíces con turba seca o turba mezclada con arena. No
debe regarse en todo el invierno. Los ejemplares de tamaño grande soportan
mejor los inviernos sin recibir agua.
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En condiciones
óptimas de luz, calor y humedad, el aporte de elementos nutritivos es lo que
determina la velocidad de crecimiento, la coloración de las hojas, la
longitud y la consistencia de las espinas, la cantidad y el tamaño de las
flores. Un buen abono permite también espaciar los cambios de maceta. Cuando
se cultivan plantas suculentas sobre soportes sintéticos, es necesario
aportar elementos nutritivos con cada riego. No se abona, sin embargo, más
que en el período propicio a la vegetación (primavera y verano) y solamente
con fertilizantes que presenten una tasa equilibrada de nitrógeno, fósforo y
potasio. Existen en el comercio productos suficientes para que esto no
constituya un problema.
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La
multiplicación |
| Las
plantas suculentas se reproducen igual que cualquier otro vegetal, es decir,
por dos vías distintas: la reproducción sexuada (mediante semillas) y la
reproducción asexuada o vegetativa (mediante yemas, esquejes, fragmentos
vegetales diversos, trasplante, etc.). La primera opción aunque es más lenta,
produce variabilidad en la descendencia (por el intercambio de material
genético) logrando plantas nuevas con un grado de diversificacion de la
planta madre. En cambio, a través de la reproducción vegetativa (esquejes,
codos, etc.) se obtienen plantas nuevas idénticas a la planta madre.
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La
multiplicación vegetativa es irreemplazable cuando se trata de multiplicar
diferentes particularidades: colores mutantes, ejemplares monstruosos o
ciertas variedades.
La multiplicación mediante semillas es uno de los aspectos más apasionantes
del cultivo de las plantas suculentas y al mismo tiempo resulta muy rica en
enseñanzas. Lo malo es que no siempre resulta y además hay que tener
bastante paciencia pues es lento. |
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Me han dicho que
las mejores semillas son las frescas, es decir, las que recién se han
cosechado, y por supuesto, la mejor época para sembrarlas es primavera o
verano. Si uno obtiene semillas en otra época es conveniente conservarlas
hasta ese momento (al fresco, en lugar seco y a oscuras).
La temperatura adecuada para para permitir la germinación fluctúa entre 20 y
27 grados celsius. También se puede sembrar en otras épocas siempre y cuando
se disponga de calefacción o semillero calefaccionado. Se siembra
preferentemente en macetas o en recipientes de plástico dotados de una tapa
transparente o translúcida, pero también se puede utilizar una maceta común
y corriente colocada en una bolsa cerrada de plástico.
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Los recipientes deberán estar previamente desinfectados mediante un lavado
con agua muy caliente. Entonces se rellenan con el sustrato: mezcla de
arena, de turba y de una buena tierra de jardín bien reposada en
proporciones iguales. El sustrato tiene que estar también desinfectado,
preferentemente por un paso al vapor (yo utlizo el microondas). Las semillas
deben ser tratadas, bien por lavado en una solución desinfectante (peróxido
de hidrógeno al 3%, chinosol, etc.) o por un fungicida en polvo (Captan...).
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